jueves, 29 de septiembre de 2011

SALA TEOLÓGICA / INCULTURACION.-





EL CASO KHARISIRI.



Me encargo de establecer una pastoral de conjunto que parta de una necesidad particularmente delicada: el caso KHARISIRI, mito aymara del que iré dando señales a partir de una investigación que vengo iniciando desde hace algunos años. Por el caso cruzan diversas versiones, disciplinas y ciencias humanas, pero de manera más específica la teología, en la pertinencia de sistematizar evidencias teológicas, juicios y acciones alrededor del discurso mítico. La tarea es compleja, y bastante delicada, por lo que arriesgando la delicadeza de un blog (interreligioso) como este, compartiré algunas partes elaboradas en un trabajo titulado: “Kharisiri, una aproximación pastoral inculturada”. Los términos de tal título representan de por sí el resumen de mis aproximaciones hasta hoy.

Señalo mi aproximación desde 2 ópticas: participación y acompañamiento. Es decir, cuál ha sido y es el lugar y el protagonismo de una pastoral de conjunto por asumir (participando y acompañando) las consecuencias de un discurso mítico (y teológico desde el reverso de la historia), mito profundamente arraigado en el imaginario de los creyentes cristianos aymaras. Sin pretender cerrar definitivamente el caso mítico -sino todo lo contrario-, les invito a participar y a acompañar en su sistema de creencias (en tanto respuesta autóctona) liberándolo de los impases ocurridos hasta hoy (“curas saca grasa”, “agentes de pastoral cómplices”, a veces amenazados de muerte), y liberar a la pastoral surandina del departamento de Puno (limitándome a empezar por el distrito de Chucuito) del silencio y del temor a abrir la herida aún sin sanar.

Desde la perspectiva de inculturación en particular, quisiera precisar más bien que no apunto a ningún tipo de intervención que intente introducirse en el sistema de creencias sobre el kharisiri con a-prioris arbitrarios. Mi concepto de inculturación lo veo más como iniciativa asumida por cada una de las culturas (incluso la cristiana postmoderna) que defina una actitud de receptividad a la novedad del Reino, y nunca como si la experiencia del Reino debiera a priori introducirse (inyectando, incrustando, o introduciéndose equivocadamente hasta la transculturación) dentro de la intimidad comunitaria de la cultura aymara en el Perú, cuya veta ético-moral, socio-económica, política y religiosa, es como tierra sagrada sobre la cual hay siempre que quitarse las sandalias.

La experiencia novedosa del Reino pastoralmente lo asumo en clave de liberación, es decir, en actitud contemplativa y comprometida como testificación de una vida comunitaria aymara previamente llena de la presencia del Dios de la vida, dentro de la cual además la novedad del Reino la ha iniciado Dios en medio de su pueblo (en sus alegrías y tristezas, angustias y esperanzas), y ante tal novedad celebramos la vida y la fe de nuestra población autóctona, sin dejar de ver / juzgar a / actuar en, los acontecimientos históricos y signos de los tiempos que ponen en debate casi en primer plano los discursos teológicos opresores y violentos evidenciados en el discurso del kharisiri.

Esta aproximación que desea participar y acompañar a este sistema de creencias, apelando a una pastoral de conjunto que participe y acompañe, sirviéndose de expresiones de inculturación para favorecer a la novedad del Reino que libera y recupera la verdad sobre discursos teológicos violentos y opresores, para que no se vuelva a repetir.

Comparto a continuación algunas pinceladas sobre el kharisiri:

ESCENA 1.
“De acuerdo con la versión tradicional, el kharisiri es el clérigo degollador, cura, monje, del tiempo de la Conquista y de la Colonia, encargado de “partir-cortar” el sacrificio eucarístico delante los fieles, o también cercano a la vida religiosa consagrada, y generalmente católico; pero que saliendo en solitario a altas horas de la noche o por lugares oscurecidos, convertido en perro, conejo o burro, adormece a las víctimas humanas que encuentra usando una campanilla, un libro de oraciones extrañas (¿Biblia en latín?),  para luego haciéndoles una incisión pequeña a la altura de la cintura o el vientre, extraer la grasa y así fundir campanas para las iglesias mejorando el sonido de aquellas, dicha grasa también podría sacar brillo a las imágenes de los santos, hacer velas o sacrificios rituales, misteriosos y desconocidos, aplicaciones bastante discutidas todas en realidad, pero que por lo ambiguo de su afirmación mítico-religiosa comunica una situación pastoral enrarecida en el surandino peruano que espera ser examinada. // La versión contemporánea del kharisiri lo identifica con personas (“gringas”, blancas, kharozas, mestizas, a veces indígenas asimilados, o aculturados) empoderadas de cierta representación profesional, vinculada con la vida religiosa (no sólo oficialmente reconocida), pudiéndose mencionar a gente de clase alta, hacendados, terratenientes, patrones de fábrica, médicos, enfermeros, y practicantes, abogados, secretarios, empresarios o grandes comerciantes, intelectuales, universitarios, investigadores del tema o conocedores de las “cosas cultas”, funcionarios de instituciones públicas, mujeres de alto liderazgo, o gente extraña al pueblo, venida de fuera, monaguillos, catequistas, seminaristas, o agentes de pastoral, educados por los curas o de manera independiente, para la ejecución de ritos y oraciones especiales, o labores especializadas en torno a la ciudad, todos los cuales participarían del halo misterioso del kharisiri, asumiéndose que en la actualidad existirían aymaras tan sospechosos como los extranjeros de raza blanca, y que poseen nueva tecnología, ideología e infraestructura: cámaras fotográficas digitales, audífonos, grabadoras, uesebés, laptops, y medios de comunicación e información social, para acometer su objetivo que siempre es la extracción de la grasa humana, o más recientemente relacionada con la propia sangre y la compraventa de órganos, para la fabricación de medicinas y jabones. Siguen convirtiéndose en perros, conejos o burros, pero también se les percibe por anticipado cuando se ven pasar por las calles algunas bolsas negras de plástico, por lo que de noche no es bueno envolver los productos de los compradores dentro de dichas bolsas.

► ¿Cómo reaccionarías frente a esta realidad, cuyo sistema de creencias mítico sigue vigente, provocando constantemente un impasse a la teología pastoral del cristianismo en la zona de Puno? Coméntanos.

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