viernes, 28 de octubre de 2011

"EL REINO, SE ESPERA O SE CONSTRUYE"

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EL REINO, SE ESPERA O SE CONSTRUYE
(parte II)
Por: Marco A. Cueto Renffigio

La humanidad de Jesús, el culmen profético

La humanidad de Dios en la persona de Jesús como hemos mencionado es la máxima expresión del Reino de Dios en la tierra, si bien lo es como individuo, Jesús busca instaurar el Reino como sistema, una sociedad  o comunidad donde esta pueda desarrollarse y presentarse como un lugar alternativo para todos los relegados de una sociedad caracterizada por la opresión y la estratificación elitista de la época. Es indiscutible la importancia que para la iglesia significa el conocer las actividades de este Dios-hombre, que hizo de Él lo que ahora confesamos que es y cuál era la respuesta correcta cuando preguntó “Y vosotros ¿Quién dicen que soy”.

En la humanidad de Jesús descubrimos un relanzamiento del orden mundial a través de la revaloración del ser humano y la reestructuración de la sociedad, es imposible negar que la relación Dios con el resto de la humanidad es la base fundamental del Reino, y es que no se puede crear un sistema inclusivo sin que haya apertura para todos por igual y esto empieza en la persona de Jesucristo aquel que no estimo en despojarse de su divinidad para ser igual al hombre.

Cuando Johnson pregunta “¿Cuál es el dinamismo de nuestra confesión de fe en Jesucristo que produce la acción en pro de la justicia como elemento constitutivo de esa fe? ¿Cuál es la relación entre cristología y justicia social que está surgiendo como una nueva intuición en la imaginación cristiana de nuestro tiempo?” (Elizabet Johnson (2003). Las Cristología, hoy. España: Santander. Editorial Sal Terrae)

La respuesta es Jesús, este nuevo hombre por el cual el cosmos fue reestructurado y la humanidad redimida. Su impacto en las mujeres y hombres que lo siguieron, la relación con su Abbá, su muerte humana en medio del abandono, manifestó desde donde se construye el Reino. Cristo resucitado es el comienzo de la nueva creación, aquella que Jesús llamó El Reino de Dios aquel que recibe a todos sin excluir a nadie, sanó los cuerpos y los espíritus de muchos reintegrándolas a la sociedad y perdonando sus pecados.

“trajo la suave misericordia de Dios a un mundo que conocía la violencia, la opresión y la injusticia”[1]. “Su predicación y realización del reino de Dios que viene planteaba una amenaza al poder establecido de las autoridades civiles y religiosas. Por amor y fidelidad a la voluntad compasiva de su Abbá, Jesús no desistió. El precio que pagó fue su vida”[2].

¿Murió por nuestros pecados o nuestros pecados lo mataron?

La parábola de los labradores malvados[3] (Lc. 20:9-16) es importante para entender la voluntad de Dios Padre, en la misma el dueño primero envía a los obreros (profetas) en busca del fruto de la viña, al no obtener buenos resultados decide enviar a su hijo (Jesús, el que ha de heredar) el cual termina por ser asesinado a manos de los labradores en la parábola. El propósito de la historia es recordar y traslucir los procesos y sucesos históricos sobre la manifestación de Dios a lo largo del tiempo intrínsecamente relacionados con la construcción del Reino, es su Reino y por tanto se ve obligado de irrumpir en el cada vez que sea necesario, la construcción y consolidación del mismo está en juego y hará lo que sea necesario para darle estabilidad y progreso.

Esto busca cuando envía al Hijo, no para morir sino para reconstruir y reorientar las políticas que permitan que la justica y la igualdad se dejen ver en la sociedad. Por tanto ¿Es por nuestros pecados que muere Jesús? O ¿A causa (por culpa) de nuestros pecados? Según la parábola son los pecados de corrupción, ambición y desmoralización lo que conlleva a la muerte del Hijo. Son los falsos testigos, la injusticia de Pilatos, la manipulación de Caifás y los intereses económicos y políticos del clero los que hacen de Jesús un enemigo, son los hombres poderosos y su sistema explotador los que se confabulan para matar a Jesús, son los que hacen decir “murió por causa de nuestros pecados”.

La Biblia dice: “¡Hombres de Yisra'el!¡Escuchen esto! Yahshúa de Netzaret fue un hombre que por sus poderosas obras, milagros y señales que YAHWEH hizo por medio de El en presencia de ustedes, ha sido demostrado que ha venido de YAHWEH. Ustedes mismos saben esto. Este hombre fue arrestado de acuerdo con el plan predeterminado y conocido de antemano por YAHWEH; y por medio de acciones de personas que no se sujetaron a la Toráh. ¡Ustedes le clavaron a la estaca y le mataron! "Pero YAHWEH lo ha resucitado y lo ha librado de los sufrimientos de la muerte. Era imposible que la muerte mantuviera sus garras sobre El”. (Hch. 2:22-24, Versión Kadosh Israelita Mesiánica de estudio)

Porque resucitar al Hijo, si la paga de pecado es muerte Jesús debería seguir muerto, esa es la paga pues asumió nuestros pecados. No obstante el ser resucitado es símbolo de la injusticia de su muerte, algo que Dios en aras del principio justo del Reino no puede permitir y por tal el Hijo es resucitado.

Recuerden, Roma no envía  al cruz por motivos religiosos, sino por conflictos de orden sociopolítico y económico. Esto solo se da con aquellos que desean transformar el orden social establecido por el imperio, un orden que sabemos era asfixiante y explotador. Son los enemigos de Roma, los que buscan abogar por los desamparados, son sus enemigos políticos los que terminan en un árbol.

Conclusión

Liberar es hacerse enemigo no de la opresión (esa es una expresión abstracta y aún escapista). Constituirse en un libertador nos hace enemigos del opresor, dueño de un sistema poderoso y aniquilador, no existe explotado sin explotador, ni pobre sin rico, es así que no existe justicia sin justos. A esto se encuentra llamada la iglesia no a buscar la justica sino a promoverla y a crearla como su fundador Jesús la promovió y luchó por ella hasta la muerte, muerte injusta de cruz en búsqueda de justicia.

Una iglesia inactiva se hace cómplice del sistema que asesinó a Jesús, en palabras de Johnson: “Dado que se trata de una teología y no de una mera disciplina humanista, se analiza lo que en la tradición cristiana ha podido contribuir a esta opresión. ¿Qué elementos procedentes de nuestra tradición han influido en esta circunstancia presente? ¿Dónde está la complicidad de la Iglesia y su predicación? ¿Cómo es que hemos entendido a Cristo de una manera que resulta útil al opresor? ¿Qué hay en la tradición de la cristología que haya servido para sostener esta situación de injusticia?”

Empecemos pues a construir un Reino, donde se haga la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. Un Reino que según Lucas se acercó con Jesús anunciando “Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó;  y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”. (Lc. 4:18-21 RV60).

Por tanto donde se encuentra la redención, pienso que es en la praxis fundamental de velar por la situación del pobre, no solo ayudándolo, sino cambiando un sistema excluyente como Jesús buscó hacerlo. Jesús no ha venido a ayudar, Él ha venido a liberar[4], a reivindicar al ser humano partiendo de su libertad y creando las condiciones para su pleno desarrollo. No se me malinterpreta Dios ama tanto al rico como al pobre, pero este último, el explotado, el más necesitado y es la prioridad de su lucha.

El Reino empieza en la comunidad como lo fue con el movimiento de Jesús pero al igual que la semilla de mostaza esta tiene que germinar y brotar expandiéndose a todos los lugares más allá de las cuatro paredes de una iglesia. Es válido afirmar que ser discípulos significa seguir los pasos del maestro desde el lugar donde vivimos, su misión de anunciar y expresar la venida del Reino, donde la paz y la justicia son signos poderosos del mismo, nos impele tanto como individuos y comunidad a continuar con esa misión.

Esto no lo podremos hacer si no conocemos al Jesús de la historia y no podremos responder a la pregunta ¿Quién es Jesús? Lo que significaría que tampoco podremos responder a la pregunta ¿Qué significa y cuál es el propósito de ser la iglesia de Cristo?



[1] “El desafío de la paz 48” (Citado en el libros de Johnson).
[2] Johnson, “La Cristología hoy”
[3] Título encontrado en la Nueva Biblia de Jerusalén 1999
[4] Si bien es cierto Jesús alimentó y sanó esto no era un fin en sí mismo sino una evidencia que el Reino de Dios se ha acercado para liberar.





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